Escribir es un acto de encuentros con nuestro propio ser. El recorrido por la línea recta, inclinada o curva abre caminos  construidos   con   aseveraciones, desacuerdos, lamentos, risas, intrigas o  vaticinios,  entre  otras  acciones. Cada  trazo  tiene su   propio  significado, su  manera  de decir  y  callar. Enfrentarse  a   la  palabra, conquistarla   y   permitirle  SER  puede   demandar   una  implosión  de  voces  que   se  reconocen  en  caras, actos  y  escenarios. A veces, el encuentro es apacible: llevamos la trama en paz y con benevolencia.

Hoy quiero  compartir  mi  cuento  titulado  Cuadro en Recuadro. Este   relato    surgió por un   encuentro  inesperado  con  personajes anónimos. Subí  al  autobús  ese  día. Me   senté  al  final  y, con  la  intención  de    dejar  en   un   segundo   plano  la  música  estridente, me   detuve   a  escuchar  el  diálogo cómplice  que  rebotaba  en mi espalda. Por el tono de voz, concluí  que  se trataba de una chica joven. Ella repetía con nostalgia: No sé con quién quedarme, con mi madre o mi padre. 

Esa chica no sabe que me inspiró para crear a la protagonista de  Cuadro   en  Recuadro. Pero, estoy   segura   de    que   mi solución  no se parece   en nada a la tomada   por   ella. Son   dos   historias   diferentes. Quizás ese   sea un  punto de encuentro entre el personaje en el  autobús y el de mi relato: ambos forman parte de un cuadro enmarcado.

https://drive.google.com/file/d/1wYzY6whSEltkJrrdR06h_85ywEStksbO/view?usp=sharing: Cuadro en recuadro

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